13 de diciembre de 2011

Tema Libre: Viviendo en el país más feliz del mundo

Vivimos en un pequeño trozo de tierra de 51 100 km cuadrados, el cual bautizaron con el nombre de Costa Rica. En el viven las 4 millones de personas más felices de todo el mundo. Así es, según un estudio de la organización “The New Economics Foundation”, Costa Rica es el país más feliz del mundo. Tal titulo parece irreal, ya que no se ajusta del todo en la Costa Rica en que yo vivo.

Es suficiente con pasearse por las calles de la capital o ver algún noticiero para percatarse de que en Costa Rica no todo es de color rosa. Acá a pesar de que internacionalmente nos vean como un “pueblo pacífico”, estamos en guerra contra la violencia; femisidios, asaltos, violaciones y asesinatos son parte del panorama cotidiano. A la vez, la salud y la educación ya no son lo que antes eran, dejaron ser razones de orgullo sino que ahora son señales de crisis y debilitamiento; los gobiernos y políticos han estado corrompidos desde sus entrañas, la corrupción y el clientelismo hacen que el desarrollo del país no sea el optimo; la clase media se debilita, la falta de empleo y de políticas protectoras hacia los que menos tienen hacen que la brecha social entre ricos y pobres sea cada vez más grande.

Ahora bien, es posible que se me tilde de idealista (y probablemente lo sea) pero lo que pasa diariamente en nuestro país son situaciones que se pueden mejorar, el problema radica en nosotros mismos. El tico suele ser pasivo respecto a buscar soluciones a sus problemas. Que tan común es que ignoremos nuestros problemas personales hasta que se vuelvan tan grandes que ya no podamos ignorar y tengamos que encararlos de frente o que, peor aún, busquemos a alguien para que nos “ayude” a resolver nuestros problemas; cuando verdaderamente queremos que nos solucionen el problema. Vivimos quejándonos de los mil y un problemas que enfrentamos, pero ¿Qué hacemos para solucionarlos? La verdad es que hacemos poco o nada por ellos.

Por lo tanto el costarricense debe comprometerse a ayudar, a apoyar y a luchar por sigo mismo, por sus compatriotas y por su país. Debe de dejar la actitud del “pobrecito”, la cual solo fomenta la mediocridad. Tenemos que ponernos metas y luchar para alcanzarlas; tenemos que buscar la excelencia y dejar la mentalidad del mínimo esfuerzo de lado. Ya fue suficiente que nos pisoteen y que los que tienen el poder hagan lo que quieren con el país. Y para llegar a un cambio verdadero es imperante que cada uno de nosotros, individualmente, comience desde sí mismo para que luego sea algo general y masificado.

El país está como esta porque nosotros lo dejamos ser así. Es cierto que vivimos en un bueno país, social y económicamente hablando, pero aun no hemos alcanzado nuestro potencial. Es por eso que si queremos romper esa ilusión de ser el país más feliz del mundo y pasar a ser un país de grandeza, de hermosura y de plenitud verdadera; tenemos que empeñarnos por hacerlo realidad desde nosotros mismos y en conjunto como pueblo unido.

12 de diciembre de 2011

Etica Profesional

El ser humano vive dentro de un universo en el cual existe el bien y el mal. Sus acciones, tanto como sus ideas, van a estar dirigidas de acuerdo a lo que los individuos de la sociedad consideran como bueno o correcto. Esto se va a ver reflejado no solo en nuestra vida cotidiana; sino también dentro de la vida laborar. Los profesionales deben de asimilar y ejercer, a partir de una ética laboral preestablecida, con la cual todas las personas que ejerzan un trabajo en común velen por estándares altos de calidad laboral.

La ética y la moral están entrelazadas una con otra; ambas, buscan encaminar al individuo por el camino del bien. Entonces, la ética profesional busca que el individuo realice su trabajo bien o de la mejor forma posible; esto va a incluir su proyección hacia los demás, la forma en que realiza el trabajo y por su puesto su nivel de calidad. Es claro que la ética profesional va a variar de un trabajo a otro, ya que los oficios varían en su forma de realización, publico meta y trabajo final; pero a final de cuentas toda ética profesional busca el mismo fin, excelencia laboral.

Ahora bien, la excelencia laboral, va a generar una competencia dentro del mercado profesional que, en buena teoría, obliga a los trabajadores estar siempre a la vanguardia en el ejercicio de su carrera. Esta competencia genera un movimiento constante en los estándares de calidad, las personas se ven obligadas al mejoramiento continuo lo cual no solo beneficia a los que demandan dicho trabajo, sino que también, en retrospectiva, beneficia al profesional que lo ejerce, porque significa un crecimiento personal, un mejoramiento del individuo.

Por un lado, los colegios profesionales pautan, hasta cierto punto, el nivel de competencia que se dan en los distintos trabajos mediante el código de ética que rige en cada una de las profesiones; pero también es un deber de los profesionales dedicarle gran parte de su vida profesional al crecimiento de la ética laboral. Si lo hacen así, su horizonte de oportunidades se va a ampliar enormemente, va a ser más competitivo y riguroso en su trabajo, lo que dará como resultado una labor de calidad superior y por ende ofertas de trabajo más atractivas.

La ética de un profesional lo envuelve a él, a sus pares, a sus clientes, a su trabajo y a todo lo que a él (ósea a su trabajo) le concierne. Actuar con ética es crecer, es mejorarse personalmente, es tener expectativas altas sobre uno mismo. La competencia profesional lejos de ser un estorbo para nosotros, es un beneficio, es una lucha diaria para el mejoramiento de la sociedad. Es por eso que es nuestro deber, ahora como estudiantes y futuros profesionales, entrenarnos lo mejor que podamos para que la lucha, que es la competencia laboral, no nos venza haciendo que tomemos malas decisiones éticas como son la corrupción, el plagio, el clientelismo entre muchas otras malas prácticas; las cuales solo sirven para dividir y corromper aun más este mundo en donde vivimos todos.