El economista como tal no ve la belleza, en su campo de estudio, en los objetos tangibles. Él, ve la belleza en los razonamientos lógicos; simples pero los cuales envuelven un complejo sistema de ideas con las cuales pretenden dar razón, y eventualmente mejorar, ciertos hechos de la realidad. Karl Marx creía que la economía se debía regir bajo dicho ideal, ya que es algo que nos envuelve, directa o indirectamente, a todos.
Ahora bien, las universidades como formadores de futuros profesionales tienen el deber de incentivar la esteticidad en el trabajo de sus estudiantes y para los economistas la tarea esta en mejorar sus razonamientos.
Una posible manera de hacer esto es organizando debates o conversatorios semanales, en los cuales puedan participar toda la población estudiantil, con temas de interés para los mismos. Por medio del debate o del dialogo y con la participación de diferentes personas nuestras ideas estarían bajo la lupa de la criticidad, la cual nos va a ayudar a depurar nuestros razonamientos.
Por otro lado se podrían impartir cursos adicionales enfocados a los fundamentos de las diferentes escuelas económicas. Analizar los conceptos, ideas y modelos; enfocándose en el método utilizado con el cual los principales postulantes, de las escuelas clásica y keynesiana, desarrollaron sus razonamientos.
El actuar del ser humano puede tener o carecer de estética, es nuestra elección; pero a la vez nosotros como estudiantes y futuros profesionales tenemos el deber de actuar con estética para así poder contemplar nuestros logros. El economista en particular debe de encaminar su vida laboral con este ideal; debe de tener muy en cuenta a sus compañeros de trabajo (tanto los del pasado como los del ahora), ya que como dice el dicho “El hombre en hombros de gigantes ve mejor y más lejos”.